A Man Who Is History

18 junio, 2019

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One of the most pleasant experiences we had during our visit to Ejido Noh-Bec for the “Diseños del Bosque” (Designs of the Forest) project was meeting Don Matías Reyes. It seems like we are looking at a history book. He has the strength of mahogany, as he is one of the first settlers who migrated from Veracruz to establish the ejido. He recounts that 25 people arrived in these lands, and he was one of the eight or nine children who came with their families, all engaged in a common activity: chicle (chewing gum) extraction. At present, he is one of the two people still alive.

Don Matías is 87 years old, and a significant part of his life has been dedicated to forestry work inherited from his father. In his youth, he worked as a “chiclero” (chewing gum extractor), and he confesses, without boasting, that he taught many generations of Noh-Bec the process of extracting sap from sapodilla trees.

In the sawmill, there is a chiclero tree trunk from which boards were obtained, but as they approached its core, they saw that it still retains diagonal cuts made many years ago with a machete. Don Matías did not miss the opportunity to tell us about the importance of those scars, as he called them, to obtain the resin that is later boiled at high temperatures until it transforms into a mass that is processed and ultimately becomes chewing gum.

Don Matías told us that over the years, the chicle activity was gradually replaced by other types of activities, and one of them was forestry, which he entered at a very young age. In this new turn of life, he started working in the truck loading area with the logs, where they used a very rudimentary machine to pull and lift them; he confesses that no one knew how to calculate volume, so they estimated the utilization based on experience. He continues his story with a phrase whose right to use he does hold

“Times have changed a lot. Now, they use a crane, and I see trucks passing by loaded with logs of large dimensions.”

His experience is so vast that even people around him politely interrupt to testify to his anecdote and acknowledge him as a teacher. He also worked organizing wood cutting in the forest and ensuring there were access roads.

Currently, he is the administrator of the sawmill, a position well-deserved due to his hard work. His legacy passed on to two of his seven children, who are ejidatarios and also work in forestry. We believe he is a very beloved man. He told us that his daughters visit him constantly to spend time with him and help him with his house.

Having a conversation with him means a lot to the Reforestamos team because Don Matías is, without a doubt, a living, charismatic, and very transparent history book.

Un hombre que es historia

18 junio, 2019

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Una de las experiencias más gratas que tuvimos durante nuestra visita al Ejido Noh-Bec para el proyecto Diseños del Bosque, fue conocer a Don Matías Reyes. Pareciera que estamos viendo a un libro de historia. Él tiene la fortaleza de una caoba, pues es uno de los primeros pobladores que migraron desde Veracruz para fundar el ejido. Nos relata que fueron 25 personas las que llegaron a estas tierras y él fue uno de los ocho o nueve niños que llegaron con sus familias, mismas que se dedicaron a una actividad común: el chicle. En la actualidad, es una de las dos personas que aún siguen con vida.

Don Matías tiene 87 años y gran parte de su vida la ha dedicado al trabajo forestal porque es una actividad que heredó de su padre. De joven laboró como chiclero, incluso nos confiesa, sin presunción, que él enseñó a muchas generaciones de Noh-Bec el proceso para obtener la savia de los zapotes.

En el aserradero hay un tronco de árbol chiclero del que se obtuvieron tablas, pero al llegar casi a su corazón, vieron que aún conserva los cortes diagonales que se le hicieron hace muchos años con un machete. Don Matías no desperdició oportunidad para relatarnos la importancia de esas cicatrices, como él les llamó, para obtener la resina que después se hierve a grandes temperaturas hasta transformarse en una masa que se procesa y se convierte finalmente en chicle.

Don Matías nos contó que, con el paso de los años, la actividad chiclera se fue relegando y dio paso a otro tipo de actividades, una de ellas fue el aprovechamiento forestal, a la cual él ingresó siendo muy joven. En este nuevo giro de vida, empezó a trabajar en la zona de carga de los camiones con los troncos, donde se apoyaban con una máquina muy rudimentaria para jalarlos y subirlos; confiesa que nadie sabía cubicar, así que los cálculos de lo que aprovechaban lo hacían con base en la experiencia. Prosigue su relato con una frase cuyo derecho a usarla él sí detenta:

Los tiempos han cambiado mucho. Ahora ocupan grúa y veo pasar camiones cargados con troncos de grandes dimensiones.

Tanta es su experiencia que incluso personas que estaban a su alrededor lo interrumpen cortésmente para dar fe de su anécdota y reconocerle como maestro; también trabajó organizando el corte de la madera en el bosque y vigilando que hubiera brechas.

Actualmente es el administrador del aserradero, lugar que tiene bien merecido por su arduo trabajo. Su legado trascendió a dos de sus siete hijos, que son ejidatarios y también se dedican a lo forestal. Creemos que es un hombre muy querido. Nos contó que sus hijas lo visitan constantemente para pasar tiempo con él y ayudarle con su casa.

Haber platicado con él significa mucho para el equipo de Reforestamos porque Don Matías es, sin dudarlo, un libro vivo, carismático y muy transparente.