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Un hombre que es historia

Una de las experiencias más gratas que tuvimos durante nuestra visita al Ejido Noh-Bec para el proyecto Diseños del Bosque, fue conocer a Don Matías Reyes. Pareciera que estamos viendo a un libro de historia. Él tiene la fortaleza de una caoba, pues es uno de los primeros pobladores que migraron desde Veracruz para fundar el ejido. Nos relata que fueron 25 personas las que llegaron a estas tierras y él fue uno de los ocho o nueve niños que llegaron con sus familias, mismas que se dedicaron a una actividad común: el chicle. En la actualidad, es una de las dos personas que aún siguen con vida.





Don Matías tiene 87 años y gran parte de su vida la ha dedicado al trabajo forestal porque es una actividad que heredó de su padre. De joven laboró como chiclero, incluso nos confiesa, sin presunción, que él enseñó a muchas generaciones de Noh-Bec el proceso para obtener la savia de los zapotes.


En el aserradero hay un tronco de árbol chiclero del que se obtuvieron tablas, pero al llegar casi a su corazón, vieron que aún conserva los cortes diagonales que se le hicieron hace muchos años con un machete. Don Matías no desperdició oportunidad para relatarnos la importancia de esas cicatrices, como él les llamó, para obtener la resina que después se hierve a grandes temperaturas hasta transformarse en una masa que se procesa y se convierte finalmente en chicle.


Don Matías nos contó que, con el paso de los años, la actividad chiclera se fue relegando y dio paso a otro tipo de actividades, una de ellas fue el aprovechamiento forestal, a la cual él ingresó siendo muy joven. En este nuevo giro de vida, empezó a trabajar en la zona de carga de los camiones con los troncos, donde se apoyaban con una máquina muy rudimentaria para jalarlos y subirlos; confiesa que nadie sabía cubicar, así que los cálculos de lo que aprovechaban lo hacían con base en la experiencia. Prosigue su relato con una frase cuyo derecho a usarla él sí detenta:


Los tiempos han cambiado mucho. Ahora ocupan grúa y veo pasar camiones cargados con troncos de grandes dimensiones.

Tanta es su experiencia que incluso personas que estaban a su alrededor lo interrumpen cortésmente para dar fe de su anécdota y reconocerle como maestro; también trabajó organizando el corte de la madera en el bosque y vigilando que hubiera brechas.


Actualmente es el administrador del aserradero, lugar que tiene bien merecido por su arduo trabajo. Su legado trascendió a dos de sus siete hijos, que son ejidatarios y también se dedican a lo forestal. Creemos que es un hombre muy querido. Nos contó que sus hijas lo visitan constantemente para pasar tiempo con él y ayudarle con su casa.


Haber platicado con él significa mucho para el equipo de Reforestamos porque Don Matías es, sin dudarlo, un libro vivo, carismático y muy transparente.

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