Two Women, One Team

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During the field visit to the sawmill in the Ixtlán de Juárez Community, Oaxaca, we observed two women working on a medium-sized saw; they looked very focused and worked together to cut the wood into pieces. This sawing machine is used to make bars, where pieces of wood are cut and squared, and later, in another place, they are put on a lathe to round them and make broomsticks.

Out of the entire sawmill, this is the only machine operated by women, and they have to produce a thousand and a half boards classified as first and second quality each day so that they are ready when trucks take large orders. Also, with this daily production, both Victoria and Haolimada ensure their weekly payment.

Victoria Hernández Mendoza is the younger of the two women on the saw; she is 24 years old, and Haolimada has been training her because she joined this place two months ago. She used to work in the Ixtlán hospital doing cleaning, but she told us that she wasn’t paid much. Being a single mother of two children, Mauricio, 7 years old, and Fernando, one year old, she sought a better option for her family. She is originally from San Pedro Yaneri but has been living in Ixtlán for 9 years because there are more job opportunities here.

Haolimada, affectionately called “Holi,” intervened to tell us that Victoria learns quickly, and she believes she will do very well in this job.

Returning to Victoria’s story, she told us that she pays a girl to take care of her children, but every day she returns to the village to have lunch with them because only the three of them live in Ixtlán. It’s a pleasure to meet such a loving and hardworking mother! We let her continue lunching because they only get half an hour.

Haolimada Martínez Gijón has a story very similar to Victoria’s: she is a hardworking 45- year-old woman who supports her household expenses and her children’s education. She has been working in this position for three years, and she likes it a lot. She told us that for four years, she worked in the river of Natividad de Calpulalpam, her hometown, as a gambusina, meaning she searched for gold remnants from the mines. She said it was a very tough job because it involved spending part of the day submerged in the very cold river, and she earned according to the amount of gold she found to later sell.

When she entered the timber industry, she started working in the furniture factory. However, after three months, she heard about the position at the sawmill and decided to go there because the payment is weekly, which suited her well as she has 7 children, 6 daughters, and a son. Between her and her husband, they work hard to provide for them because they want them to have university careers and ensure a better quality of life. In fact, one of her daughters is already attending a private university studying Accounting.

Holi” was also having lunch with her colleagues from the sawmill; she offered us some of her food, but we had to move on to another part of the industry. She bid us farewell with laughter and her good humor, recognized by all her colleagues.

This story emerged from a trip for the exchange of experiences between UDEFAM members and the Pueblos Mancomunados of Oaxaca and came to you thanks to the contributions of users of Grupo Santander México.

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Dos mujeres, un solo equipo

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Durante la visita de campo al aserradero de la Comunidad Ixtlán de Juárez, en Oaxaca, observamos a dos mujeres que estaban en una sierra de tamaño mediano; lucían muy concentradas y trabajaban en equipo para cortar la madera en trozo que les acercaban. Esta máquina de aserrío es para hacer barrotes, es decir, es donde se cortan y se cuadran los trozos de madera que luego, en otro lugar, se ponen en el torno para que los redondeen y saquen los palos de escoba.

De todo el aserradero, esta es la única máquina que es operada por mujeres y tienen que producir al día millar y medio de tablas clasificadas en primera y segunda para que estén listas cuando los camiones se llevan grandes cantidades de pedidos; además con esta producción diaria, tanto Victoria como Haolimada aseguran su pago semanal.

Victoria Hernández Mendoza es la más joven de las dos mujeres que están en la sierra, tiene 24 años y la está capacitando Haolimada porque tiene 2 meses que entró a este lugar. Antes trabajaba en el hospital de Ixtlán en limpieza, sin embargo, nos contó que no le pagaban mucho y ella es madre soltera de 2 hijos: Mauricio de 7 años y Fernando de uno, así que buscó una mejor opción para su familia. Es originaria de San Pedro Yaneri, pero tiene 9 años viviendo en Ixtlán, ya que aquí hay más trabajo.

Haolimada, “Holi” de cariño, intervino para decirnos que Victoria aprende rápido y cree que le irá muy bien en este trabajo.

De regreso a la historia de Victoria, nos contó que le paga a una muchacha para que le cuide a sus hijos, pero que todos los días se regresa al pueblo para comer con ellos porque sólo viven los tres en Ixtlán, ¡es un gusto conocer a una madre tan cariñosa y trabajadora como ella! La dejamos que siguiera almorzando porque sólo les dan media hora.

Haolimada Martínez Gijón tiene una historia muy similar a la de Victoria: es una mujer de 45 años muy trabajadora porque apoya con los gastos de su casa y con la educación de sus hijos. Lleva 3 años trabajando en este puesto que le gusta mucho, nos contó que durante cuatro años trabajó en el río de Natividad de Calpulalpam, su lugar de origen, ahí fue gambusina, es decir, se dedicaba a buscar restos de oro provenientes de las mineras. Nos dijo que es un trabajo muy pesado porque implica pasar parte del día sumergida en el río cuya agua es muy fría, además gana de acuerdo a la cantidad de oro que encontraba para posteriormente irlo a vender.

Cuando llegó a la industria de la madera, entró a trabajar en la fábrica de muebles, pero a los 3 meses de haber ingresado se enteró del puesto en el aserradero y decidió irse para allá porque el pago es semanal, lo cual le venía muy bien porque tiene 7 hijos, 6 mujeres y un niño. Entre ella y su esposo trabajan con mucho esmero para sacarlos adelante porque desean que tengan carreras universitarias y asegurarse así una mejor calidad de vida, de hecho, una de sus hijas ya está en una universidad privada en la carrera de Contador Público.

“Holi” también estaba almorzando con sus compañeros del aserradero, nos ofreció de su comida pero teníamos que marcharnos a otro punto de la industria, se despidió de nosotras entre risas y con su buen humor, que ya todos sus compañeros le reconocen.

Esta historia surgió de un viaje para el intercambio de experiencias entre integrantes de UDEFAM y los Pueblos Mancomunados de Oaxaca y llegó a ti gracias a las aportaciones de los usuarios de Grupo Santander México.

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