De aliados a enemigos, los árboles que habitan nuestras ciudades
16 julio, 2026
En la ciudad, la forma en la que vemos a los árboles cambia según la temporada. En meses de calor, agradecemos su presencia. La diferencia entre una calle con árboles y una sin ellos es inmediata: la sombra hace el espacio más habitable y reduce el impacto del sol.
Cuando llega la temporada de lluvias, esa percepción suele cambiar. Muchas personas comienzan a ver a los árboles como un riesgo ante la posibilidad de que se desgaje una rama, caiga un ejemplar completo o se produzcan daños a personas, vehículos o infraestructura.
Más que un cambio en los árboles, lo que ocurre es un cambio en la percepción: creemos que pueden ser un problema y dejamos de ver todo lo que siguen haciendo por la ciudad.
Un árbol no es solo una fuente de sombra. Funciona como un sistema vivo que regula condiciones ambientales. La diferencia se nota con claridad en el calor. No es lo mismo cubrirse del sol con una lámina que estar bajo la copa de un árbol. En el primer caso, el calor se concentra; en el segundo, el ambiente se enfría. Esto pasa porque el árbol no solo bloquea la radiación solar directa, también libera humedad a través de sus hojas y modifica el aire a su alrededor, reduciendo la temperatura del entorno.

Durante la lluvia, su función es igual de relevante. Las copas interceptan parte del agua y disminuyen la velocidad con la que llega al suelo. Esto reduce el impacto directo de las gotas y facilita que el agua se distribuya de forma más gradual. A través de sus raíces, los árboles ayudan a que el suelo absorba esa agua en lugar de que se convierta en escurrimientos, algo especialmente importante en ciudades donde gran parte de la superficie está sellada con cemento. Este proceso contribuye a mantener la humedad del suelo y a la recarga de los acuíferos.
Desde esta perspectiva, los árboles no son solo elementos de la ciudad. Son habitantes que interactúan con otros habitantes, nosotros, y que sostienen procesos que permiten que la ciudad funcione mejor, tanto en condiciones de calor como de lluvia.
El problema es que muchas veces operan en condiciones que limitan esa función. La falta de espacio para las raíces, el suelo compactado, la contaminación y distintos factores de estrés afectan su salud. Cuando eso pasa, su capacidad para regular la temperatura y manejar el agua disminuye. Entonces dejamos de ver lo que aportan y nos quedamos con la idea de que representan un problema.

Por eso, la conversación tendría que centrarse en cómo generamos las condiciones para que los árboles estén mejor.
Iniciativas como la Carrera Más Árboles, Más Bosques parten de esa idea. No se trata solo de correr, sino de vincular lo que sabemos sobre los árboles con lo que estamos dispuestos a hacer. Es una forma de conectar el uso cotidiano que hacemos de ellos con su cuidado.

Correr en el Bosque de Chapultepec, en un espacio donde los árboles son parte del recorrido y no solo el paisaje, permite entender esa relación desde otro lugar. Cada participación contribuye a la conservación de los bosques y al fortalecimiento del arbolado urbano, que es el que sostiene muchos de los beneficios que damos por hechos en la ciudad. Puedes conocer más e inscribirte aquí: Ver detalles de la carrera